Mirtha Legrand, a las 99 años, mantiene viva una tradición que se remonta a más de medio siglo: el té de domingo. En una casa en La Plata, el ambiente se prepara para un reencuentro que trasciende el tiempo. Según fuentes cercanas, el evento no es solo una celebración, sino un ritual que une a mujeres que han compartido historias, desafíos y victorias a lo largo de décadas. El té, el círculo de amigos y la confianza en el tiempo son los protagonistas. Este festejo, organizado por Mirtha, no tiene horarios ni límites: solo el momento preciso en que se abre la puerta de su casa. El espacio está decorado con recuerdos, fotos y objetos que marcan la historia de cada persona. Desde el primer momento, se siente una energía particular, como si el tiempo hubiera sido parado.
La historia de Mirtha Legrand es una narrativa de resiliencia y adaptación. Durante más de 50 años, ella ha sido un referente en el ámbito cultural y social de la región. Su legado se construye con cada conversación, cada risa, cada momento en el que el té se convierte en un espacio para reflexionar y crecer. En el contexto de su 99º aniversario, los amigos que la rodean no solo celebran su vida, sino que reflejan un estilo de vida que combina autenticidad y conexión humana.
Uno de los elementos clave en este festejo es el papel del té. En la Argentina, el té es más que una bebida: es una cultura, una ritualidad que se mantiene en las familias. Para Mirtha, el té es el momento en que se reconecta con el grupo, donde se abren las puertas para hablar de lo que importa. Los amigos que la rodean insisten en que el té es el momento en que se revelan las verdades más profundas, las historias que no se escriben en los libros ni en las redes sociales. En la casa de Mirtha, el té se prepara con cuidado, sin prisas, y cada una de las mujeres tiene su propio estilo, desde el uso de la taza favorita hasta la forma en que se mezclan los ingredientes.
Según información de fuentes cercanas, el evento no tiene una fecha fija: se adapta a las circunstancias. A veces, el té se prepara en el parque, a veces en el jardín, pero siempre en un espacio que permite la libertad de movimiento y la conexión. El hecho de que el té se prepare en una casa privada indica que el enfoque es personalizado: el grupo no tiene un itinerario preestablecido, sino que se ajusta a las necesidades de cada persona. Este enfoque de flexibilidad y respeto a la individualidad es una de las claves que distinguen el ritual del té en el mundo argentino.
El tema central del festejo es la conexión humana. En un mundo donde las redes sociales dominan, el té representa un espacio seguro para hablar sin filtros. Las mujeres que participan en el evento destacan que el té es el momento en que se revelan las verdades más profundas, las historias que no se escriben