En la colonia menonita Nueva Esperanza, ubicada en el pueblo pampeano de Guatraché, se desarrolla una historia de dolor y resistencia. El 8 de febrero de 2026, a las casi 20 horas, un reloj marcaba el inicio de una nueva fase en la vida de María Unger Reimer, una mujer que decidió escapar de una comunidad que, según su testimonio, había sido objeto de explotación y violencia. Su narrativa revela un sistema que, aunque se basa en valores cristianos, ha evolucionado hacia prácticas que afectan directamente la vida de quienes dentro de sus fronteras.
María Unger Reimer, de 34 años, tiene un moretón en el ojo, piel blanca, pelo rubio y ojos cansados. Su voz es baja, pero su determinación es inquebrantable. Según su denuncia, la comunidad menonita ha adoptado prácticas que, aunque se justifican en el contexto histórico, han alcanzado niveles de violencia que ponen en riesgo la vida y la libertad de las personas. Desde el momento en que ingresó a Nueva Esperanza, María ha vivido bajo una estructura que, según sus palabras, no solo no garantiza el bienestar, sino que a veces incluso amenaza con serio daño físico.
La colonia menonita, originaria de la corriente anabaptista de Menno Simons, se caracteriza por su aislamiento religioso y económico. En este contexto, María describe cómo los miembros de la comunidad, en lugar de promover el respeto y la libertad, han desarrollado prácticas de explotación laboral y violencia física. Entre las principales preocupaciones que menciona María son los 'boogies', vehículos que, según su descripción, son utilizados para transportar personas en condiciones degradadas, y la presencia de 'caldenes' y 'molinos', elementos que, en el ámbito agrícola, se emplean para el trabajo intensivo.
Según información proporcionada por María, la comunidad ha adoptado una estructura que, aunque se basa en valores cristianos, ha evolucionado hacia prácticas que, en términos de bienestar, no son consistentes con el principio de dignidad humana. En particular, ella menciona que los 'tractores con ruedas de hierro' y las 'vacas Holando Argentino' no son solo herramientas de trabajo, sino también símbolos de la explotación y la desigualdad. María afirma que, en las últimas semanas, ha sido víctima de intentos de abuso por parte de su exmarido, quien, según su testimonio, intentó violarla y la amenazó con el 'secuestro' de sus hijas.
El caso de María Unger Reimer ilustra cómo las comunidades menonitas, aunque mantienen un pasado histórico de resistencia y aislamiento, pueden, en el contexto actual, adoptar prácticas que contradicen los valores que se promueven. Este tipo de situaciones, que involucran violencia física, explotación laboral y amenazas a la seguridad, son cada vez más frecuentes en comunidades aisladas, donde la falta de control y la falta de recursos pueden llevar a